ESPIRITUALIDAD

   
 
  El arte de escuchar l


El arte de escuchar


La escucha intelectual significa que cuando estás escuchando, simultáneamente estas argumentando en tu interior. Tiene lugar un constante debate. Te digo algo, tú estás escuchando y dentro se desarrolla constantemente un debate: sobre si esto es correcto o no. Comparas con tus propios conceptos, con tu ideología, con tu sistema. 

Así que, constantemente, mientras me escuchas, so-pesas si confirmo tus ideas o no, si estoy de acuerdo contigo o no, si lo aceptas o no, si te convenzo o no. ¿Cómo es posible que se de el escuchar de este modo? Estás demasiado lleno de ti mismo, por eso es milagroso que dentro de esta constante agitación seas capaz de escuchar algo. 

E incluso entonces, sea lo que sea que oyeres no será lo que he dicho. No puede serlo, porque cuando la mente está llena de sus propias ideas, colorea todo lo que le llega. Oye, no lo que se le está diciendo sino lo que quiere oír. Escoge, descarta, interpreta, y sólo entonces algo penetra, pero tiene ya una forma distinta. Esto es lo que quiero decir con el escuchar desde el intelecto.

Si quieres profundizar en lo que se dice, esta agitación interior ha de cesar. ¡Debe cesar! ¡No debe continuar! De otro modo, tú lo interpretas a tu estilo y estás destruyendo a cada momento la posibilidad de que algo te pueda suceder. Tú puedes perdértelo, y todo el mundo se lo está perdiendo.

Vivimos encerrados en nuestras mentes y llevamos este encapsulamiento dondequiera que vayamos. Veamos lo que veamos, oigamos lo que oigamos, suceda lo que suceda, nunca es transmitido a la consciencia interior directamente. La mente permanece como barrera entremedio, siempre confundiendo.

Uno debe darse cuenta de esto. Es lo primero para poder profundizar. Esto es lo primero para pasar al segundo estado de escucha: ser conscientes de lo que tu mente te está haciendo. Se entromete. Vayas dónde vayas, va antes que tú. No es como una sombra que te sigue. Tú te vuelves su sombra. Se pone en movimiento, y tú la has de seguir. Va delante tuyo y lo colorea todo. Por eso nunca estás en contacto con la «facticidad» de algo. La mente crea ficción.

Deberías darte cuenta de este fenómeno, de lo que la mente está haciendo. Pero no lo haces, porque estamos identificados con la mente, nunca creemos que la mente está haciendo algo. 

Cuando digo algo y no encaja totalmente con tus ideas, nunca piensas que sea la mente la que no encaja con lo que digo. Piensas, «No, no me convence». No tienes una distancia entre tú y tu mente. Estás identificado; ese es el verdadero problema. Así es como la mente puede engañarte.

Te identificas con una idea o con un proceso mental. Y es extraño, porque tan sólo dos días antes ese pensamiento no era tuyo. Lo oíste en algún lado, ahora lo has absorbido y se ha vuelto tuyo. Y ahora este pensamiento te dirá: «No, esto no es lo correcto porque no encaja conmigo». No percibirás la diferencia de que es la mente la que está hablando, de que es la memoria la que está hablando, de que es el mecanismo el que está hablando. No sentirás que «Debo permanecer distante».

Incluso si tienes que comparar, si tienes que juzgar, debes permanecer distante, separado de tu memoria, de tu mente, de tu pasado. Pero hay una identificación sutil: «Mi mente soy yo». Por eso digo : «Soy un comunista» o «Soy católico» o «Soy hindú». Nunca digo: «Mi mente se ha desarrollado de tal forma que mi mente es hindú». Este es el hecho: tú no eres hindú. ¿Cómo puedes ser tú un hindú? Sólo la mente lo es. Si tú fueras hindú no existiría posibilidad alguna de transformación.

La mente puede ser cambiada y tú debes ser capaz de cambiarla. Si te identificas con ella, pierdes tu libertad. La mayor libertad es liberarte de tu propia mente. Lo más grande, lo digo: liberarte de tu propia mente. Porque es una dependencia sutil, tan profunda que nunca percibes que es una dependencia. La prisión misma se vuelve tu casa.

Mantente constantemente alerta sabiendo que tu mente no es tu consciencia. Y cuando más consciente seas, más percibirás que la consciencia es algo totalmente distinto. Consciencia es la energía; mente es sólo el contenido de ideas. ¡Sé su amo! No le permitas que se vuelva ella el amo, no le permitas que te dirija en todo. Haz que te siga, úsala, pero no seas usado por ella. Es un instrumento, pero nos identificamos con este instrumento. ¿Mmm? Rompe la identificación. Recuerda que tú no eres la mente.

Pero en realidad la gente llamada religiosa siempre recuerda: «No somos el cuerpo». Nunca recuerdan. «No somos la mente». Y el cuerpo no constituye esclavitud ninguna. ¡La mente es la esclavitud! ¡Tu cuerpo no es una esclavitud en absoluto! Tu mente lo es. Y, en verdad, tu cuerpo proviene de la naturaleza, de lo Divino, y tu mente proviene de la sociedad. Por eso el cuerpo posee una belleza, pero nunca la mente. 

La mente siempre es algo feo. Es una cosa cultivada, un falso montaje. El cuerpo constituye una dimensión maravillosa. Y si puedes desprenderte de la mente, no percibirás conflicto alguno con el cuerpo. El cuerpo se transforma en una puerta hacia algo más grande, hacia la expansión infinita. No hay nada desagradable en el cuerpo, ¿mmm?, es un florecimiento natural. 

Pero la gente llamada reli-giosa está siempre en contra del cuerpo y a favor de la mente. ¡Y han creado tanto revuelo! ¡Han creado tanta confusión! Y han destruido toda sensibilidad, porque el cuerpo es la fuente de toda sensibilidad. Si decides empezar a ir en contra del cuerpo, te vuelves un insensato.

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Osho

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