ESPIRITUALIDAD

   
 
  El experimento


El experimento


En todas las vidas repetimos casi  los mismos errores que hemos repetido en nuestras vidas anteriores. Si fuésemos capaces de recordar lo que hicimos en las vidas anteriores, quizás no tropezaríamos con las mismas piedras.
  

Y si fuésemos capaces de recordar lo que hicimos en nuestras vidas anteriores, ya no seriamos como somos ahora. Es imposible que siguiéramos siendo los mismos pues, pues hemos amontonado riquezas una y otra vez y en todas las ocasiones la muerte ha despojado de sentido a esas riquezas. Si fuésemos capaces de recordarlo, quizás no llevaríamos dentro la misma manía por el dinero que hemos llevado hasta ahora.

Hemos sido miles y miles de veces ambiciosos, egoístas; hemos alcanzado el éxito, el alto nivel social, y al final todo ha resultado inútil, todo ha quedado reducido a polvo.

Nos hemos enamorado mil veces, y hemos visto una y otra vez que, a la larga no tenía sentido. Si fuéramos capaces de recordarlo, desaparecería nuestra manía de enamorarnos y de procurar que se enamoren de nosotros.

Como no recordamos nuestras vidas anteriores seguimos moviéndonos casi por un mismo círculo. El hombre no se da cuenta que ya ha recorrido el mismo circulo muchas veces ni de que lo esta volviendo a recorrer con la misma esperanza que lo ha impulsado antes.

Después, La muerte frustra todas las esperanzas y vuelve a comenzar el círculo. El hombre se mueve en círculo, como el buey en una noria.

 

Podemos salvarnos de ese daño, pero necesitamos un gran nivel de conciencia y debemos experimentar continuamente. No podemos ponernos a  esperar la muerte directamente, porque no es posible hacernos conscientes de pronto, en el transcurso de una operación tan importante, de un trauma tan grande. 

Tenderemos que hacer experimentos poco a poco, con desgracias pequeñas, para descubrir cómo podemos ser conscientes mientras las pasamos.

 

Por ejemplo, tenemos un dolor de cabeza. Al mismo tiempo nos volvemos conscientes y empezamos a sentir que tenemos un dolor de cabeza, no que la cabeza tiene un dolor. De modo que tenemos que experimentar con el pequeño dolor de cabeza y tenderemos que aprender a sentir que <<el dolor está en la cabeza y yo soy conciente de él>>.

 

Tendréis que empezar por hacer experimentos con desgracias de tipo menor. Os las encontrares todos los días de la vida; están presentes todos los días. No sólo las desgracias: tendréis que incluir también la felicidad en el experimento, porque es más fácil ser concientes en la felicidad que en la desgracia. No es tan difícil conocer que nuestra cabeza y el dolor que hay en ella son dos cosas independientes, pero es más difícil conocer que << el cuerpo es independiente, y la alegría de estar sano también es independiente de mi; yo tampoco soy eso.>> Es difícil mantener ese distanciamiento cuando estamos sanos, pues en los momentos de felicidad nos gusta estar próximos a ésta. En los momentos de desgracia es evidente que nos gusta sentirnos independientes, apartados de ella. Si llegase a quedar claro que el dolor es independiente de nosotros, querríamos que siguiera así para estar liberados del dolor.

Tendéis que experimentar el modo de manteneros conscientes tanto en la desgracia como en la felicidad.

 

Por ejemplo, una persona realiza un ayuno. A base de pasar hambre, intenta descubrir el defeco del hambre sobre su conciencia. En general, la persona que realiza un ayuno no tiene la menor idea de lo que hace: lo único que sabe es que tiene hambre, y espera con avidez su comida del día siguiente.

 

El propósito fundamental del ayuno es sentir que el hambre está aquí, pero esta lejos de mí. El cuerpo tiene hambre, yo no.  Así pues, induciendo voluntariamente el hambre, uno intenta saber, desde dentro, si el hambre está allí. El cuerpo tiene hambre; yo no tengo hambre. Sé que el hambre está allí, y éste deberá ser un conocimiento continuado hasta que yo llegue a un punto en el que se produzca un distanciamiento entre el hambre y yo, en el que yo ya no tenga hambre: aun dentro del hambre yo ya no tengo hambre. Sólo el cuerpo sigue teniendo hambre, y yo lo sé. Yo ya no soy más que uno que lo sabe. Entonces, el significado del ayuno se vuelve muy profundo; por lo tanto, ya no significa simplemente pasar hambre.

 

La palabra “ayuno” no significa abstenerse de comer. Ayuno significa residir cada vez más cerca. ¿Más cerca de qué? Significa acercarse al yo produciendo un distanciamiento del cuerpo, residir más cerca del yo más lejos del cuerpo.

 

Así desde tu interior te acercas cada vez más a tu yo real.

 

Osho

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