La muerte
Cuando el hombre ha conocido algo, se libera de ello.
Y cuando el hombre ha llegado a conocer algo, es capaz de triunfar sobre ello. Nuestro fracaso y nuestra derrota solo se deben a nuestra ignorancia.
Lo primero que se debe entender es que la idea de triunfar sobre la muerte no quiere decir que exista algo llamado muerte a lo que debemos vencer. Triunfar sobre la muerte significa, sencillamente, que llegamos a saber que no hay muerte. Saber que la muerte no existe es vencerla.
No hay una cosa llamada muerte a la que podamos vencer.
En cuanto sabemos que no hay muerte, cesa nuestra batalla constante y perdida contra la muerte, existen algunos enemigos, y existen otros que en realidad no existen sino que solo lo parece.
La muerte es uno de esos enemigos que no tiene una existencia real: sólo parece que existe.
Así pues no supongáis que el triunfo significa que la muerte existe en alguna parte y la venceremos. Seríais como un hombre que se volvería loco y que se pusiera a luchar contra su propia sombra, hasta que alguien le dijese: <<Míralo bien: la sombra no tiene sustancia.
No es mas que una apariencia.>> Si el hombre mirara la sombra y se diera cuenta de lo que hacía, se reiría de si mismo: sólo entonces podría saber que ha vencido a la sombra.
Vencer a la sombra significa simplemente saber que no existía ni la menor sombra con que luchar: cualquiera que lo intentase se volvería loco.
El que conoce a la muerte, la vencerá.
Esto también significa que, si no hay muerte, entonces en realidad nosotros no morimos nunca, seamos consientes de ello o no. Las gentes del mundo no se dividen en gentes que muere y en gentes que no mueren: no, no es así.
En este mundo nadie muere nunca.
Pero si es verdad que hay dos tipos de personas. Los que conocen este hecho y los que no lo conocen: ésta es la única diferencia.
En el sueño llegamos al mismo lugar donde llegamos en la meditación. La única diferencia es que en el sueño estamos inconscientes mientras que en la meditación estamos plenamente consientes.
Si alguien se volviera plenamente consiente en pleno sueño, tendría la misma experiencia que en la meditación.
En el sueño llegamos al mismo paraíso al que llegamos en la meditación, pero no somos consientes de ello.
Viajamos cada noche al mismo paraíso y regresamos después... inconscientemente.
Entrar en el sueño y entrar en lo divino es exactamente una misma cosa: la única diferencia es que a través del sueño uno entra en Dios en estado inconsciente, mientras que a través de la meditación uno entra en Dios en estado consciente.
Pero esta diferencia es muy importante.
Podéis pasar millares de vidas entrando en Dios a través del sueño, pero no llegaréis a conocer a Dios. Pero si entráis en la meditación aunque sea por un momento, habréis alcanzado el mismo lugar que lleváis alcanzando en sueño profundo durante miles y millones de vidas (aunque siempre en estado inconsciente), y esto transformara completamente nuestra vida.
Lo mas interesante es que cuando una persona entra en estado de meditación, cuando entra en ese vacío donde lo lleva el sueño profundo, ya nunca se queda inconsciente: ni siquiera cuando duerme.
No en el sentido que ya no volváis a dormir, sino el sentido de que, aun cuando estéis dormido, hay alguien dentro que sigue plenamente despierto; duerme, pero no sueña nunca; sus ensueños desaparecen por completo.
Y cuando desaparecen los sueños, desaparecen los pensamientos. Lo que llamamos pensamientos en el estado de vigilia se llaman ensueños en el estado de sueño.
La meditación os lleva poco a poco hasta la fuente de la vida.
Jesús repetía constantemente a sus discípulos, despierta! Jesús se refería a este despertar, al despertar del espíritu...
Osho
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