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La trascendencia define exactamente la meditación.
Hay que trascender tres cosas para alcanzar la cuarta, que es nuestra verdadera naturaleza. Que es el estado último del ser.
Debemos trascender el cuerpo, que constituye nuestra circunferencia exterior. Debemos de ser consientes de que estamos en el cuerpo, pero no somos el cuerpo.
El cuerpo es maravilloso y hay que cuidarlo y tratarlo con mucho cariño, pues él te sirve admirablemente. |
No seas un antagonista. Las religiones han enseñado a la gente a ser antagonistas del cuerpo; o torturarlo. ¡Es pura estupidez! Pero creen que si torturan al cuerpo serán capaces de trascenderlo. Están completamente equivocados.
La única manera de trascenderlo es la conciencia, no la tortura. No es una cuestión de tortura. No torturas a tu casa: sabes que no eres ella; es tu casa. Solo se necesita conciencia. No hace falta ayunar, ponerse cabeza abajo contorsionarse en mil y una posturas. Basta con observar y ser consciente. Y esa es también la clave para las otras dos trascendencias.
La segunda consiste en trascender la mente. Ésta constituye el segundo círculo concéntrico y está más próximo tu ser que el cuerpo. El cuerpo es el material y la mente el sutil, pero hay un tercer todavía más sutil: tu corazón; el mundo de tus sentimientos, tus emociones y humores. Pero la clave es la misma.
Empieza por el cuerpo porque es lo más fácil de observar: es un objeto. Los pensamientos también son objetos pero más invisibles. Una vez que seas consiente de observar tu cuerpo, también serás capaz de observar tus pensamientos, y cuando seas consciente de tus pensamientos serás capas asimismo de observar tus humores, sólo que éstos son más sutiles; así que ese tipo de conciencia sólo debe de ensayarse en la tercera fase.
Una vez que eres consciente de los tres círculos concéntricos que rodean tu centro, el cuarto se manifiesta espontáneamente.
Súbitamente descubres quién eres, aunque no verbalmente: no tienes una respuesta ni puedes contárselo a nadie, pero lo sabes. Lo sabes de la misma forma que sabes que te duele la cabeza, que tienes hambre o sed o que estás enamorado.
No puedes demostrarlo; no hay forma alguna de demostrarlo, pero lo sabes. Y tal conocimiento es evidente: no puedes dudar de él, es incuestionable. Una vez que llegas al cuarto has trascendido el mundo.
Yo no predico renunciar al mundo, sino trascenderlo, y ese es el camino…
Osho
Las escrituras
A través de las escrituras no podrás alcanzar la verdad. Pero si alcanzas la verdad tú comprenderás las escrituras.
Las escrituras no son sino testimonios, no puedes conocer la Verdad por ellas. Todas las escrituras del mundo te confirmaran que has conocido la Verdad, ya que vienen de personas que la han conocido y usan lenguaje simbólico.
Pero cualquier metáfora o símbolo que usen tú lo podrás comprender en cuanto has conocido la Verdad. Para mi no hay diferencia entre Hráclito, Lao-tzé, Chuang Tze, Buda o Jesús. Estoy hablando sobre lo mismo, no hay diferencia. Yo soy quien habla, ellos me dan un pretexto, porque en cuanto uno conoce la Verdad, cumple todas las escrituras del mundo.
No hay escrituras hindúes, judías, cristianas... uno de inmediato se vuelve la culminación misma de las escrituras. Yo no soy cristiano, hindú, judío, Mahometano... porque no soy nadie.
Y la Verdad esta más allá de todas las escrituras. Estas solo indican la dirección hacia aquella. Las escrituras son como dedos apuntando a la luna; estos pueden ser miles, la luna es la misma. En cuanto conoces, conoces todo.
Y todas las escrituras son lo mismo porque hablan de lo mismo. Sus metáforas por supuesto son diferentes, su lenguaje también, pero es la misma experiencia. Todas apuntan hacia Dios...
Osho
Tu cuerpo
El cuerpo tiene que ser amado – tienes que ser su gran amigo.
El es tu casa, tienes que limpiarlo de toda clase de desperdicios, y tienes que recordar que está completamente a tu servicio, día y noche. Incluso mientras tú estás dormido, tu cuerpo continua trabajando en tu digestión, convirtiendo los alimentos en sangre, eliminando las células muertas, aportando oxígeno nuevo y fresco, y tú estás profundamente dormido. El cuerpo está haciendo lo imposible por tu supervivencia, por tu vida, pero tú nunca te sientes agradecido por todo lo que él hace por ti. Por el contrario, vuestras religiones os han estado enseñando cómo torturarlo: el cuerpo es el enemigo y tenéis que liberaos de él, de sus ataduras.
También sé que tú eres algo más que el cuerpo, pero no hay necesidad de ninguna atadura. Porque el amor no es una atadura, la compasión no es una atadura. Tanto el amor como la compasión son absolutamente necesarios para el cuerpo y sus alimentos. Cuanto mejor trates tu cuerpo, mayores serán las posibilidades de elevar la consciencia. Son una unidad orgánica.
En este mundo se necesita una clase totalmente nueva de educación, donde cada individuo será introducido fundamentalmente en el silencio del corazón –en otras palabras, en la meditación- donde cada uno tiene que estar preparado para ser compasivo con su propio cuerpo. Porque a menos que seas compasivo con él, no puedes ser compasivo con ningún otro cuerpo. El es un organismo vivo y no te ha hecho ningún daño a ti. Ha estado continuamente a tu servicio desde que fuiste concebido y lo estará hasta que mueras. Hará todo lo que a ti te guste hacer, incluso lo imposible, y no será desobediente contigo. Es inconcebible crear un mecanismo tan sabio y obediente como el cuerpo.
Si permaneces atento a todas las funciones de tu cuerpo, te quedarás sorprendido. Nunca te has parado a pensar todo lo que el cuerpo es capaz de hacer. Es tan milagroso, tan misterioso. Pero tú nunca has mirado en su interior. Nunca te has interesado acerca de tu propio cuerpo y pretendes amar a otras personas. No puedes hacerlo, porque esas otras personas aparecen ante ti como cuerpos. El cuerpo es el misterio más grande de toda la existencia. El misterio necesita ser amado; este misterio y su funcionamiento tiene que ser íntimamente investigado.
Desgraciadamente las religiones han estado absolutamente en contra del cuerpo. Pero él te da una pista, una clara indicación de que si un hombre aprende la sabiduría de su cuerpo y de todos sus misterios, nunca se interesará en los sacerdotes ni en Dios. El habrá encontrado lo más misterioso de él en su propio interior, y dentro de él existe el santuario de la consciencia.
Una vez que permaneces alerta de tu consciencia, de tu ser, ya no hay dios sobre ti. Sólo un persona así puede respetar a otros seres humanos, a otros seres vivos, porque todos ellos son igual de misteriosos que él, con diferentes y variadas expresiones que hacen la vida más rica. Y una vez que el hombre ha encontrado la consciencia en su interior, ha encontrado la llave hacia lo último.
Una educación que no te enseñe a amar tu cuerpo, que no te enseñe a ser compasivo con él, que no te enseñe a penetrar en sus misterios, no será capaz de enseñarte cómo profundizar en tu propia consciencia. El cuerpo es la puerta, el cuerpo es la piedra angular. Cualquier educación que no toque lo subjetivo de tu cuerpo y de tu consciencia, no sólo está del todo incompleta, sino que es absolutamente perjudicial porque continuará siendo destructiva.
Osho
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