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La espiritualidad posee una llave secreta que abre la Puerta de lo Divino. Esta llave es la meditación. La meditación simplifica nuestra vida externa y energiza nuestra vida interna. La meditación nos da una vida natural y espontánea. Esta vida llega a ser tan natural y espontánea que no podemos respirar sin tener conciencia de nuestra divinidad.
La meditación es tu naturaleza. Es la aproximación directa, pues conduce al aspirante hacia Aquel de quien ha descendido. La meditación nos dice que nuestra vida humana es algo secreto y sagrado y confirma nuestra herencia divina. La meditación nos da un nuevo ojo para ver a Dios, un nuevo oído para oír la Voz de Dios y un nuevo corazón para sentir la presencia de Dios.
La espiritualidad no va a ser hallada en los libros. Aunque exprimamos un libro no vamos a obtener espiritualidad alguna. Si queremos ser espirituales, tenemos que crecer desde dentro. Los pensamientos y las ideas preceden a los libros. La mente levanta a los pensamientos y a las ideas de su sueño. La espiritualidad despierta a la mente. Una persona espiritual es la que escucha los dictados de su alma, y a la que el temor no puede torturar. Las opiniones del mundo son demasiado débiles para atormentar su mente y su corazón. Ella conoce, siente y personifica esta verdad.
Sri Chinmoy
Vaciando la Mente
No debes pensar que cuando no haya nada en tu mente te volverás un tonto o actuarás como un idiota. Esto no es cierto. Si puedes mantener la mente calmada y silenciosa por diez o quince minutos, un nuevo mundo amanecerá dentro de ti. Esta es la raíz de todo progreso espiritual. Ahora mismo sólo puedes tener la mente calmada y callada unos pocos segundos, o un minuto, pero si puedes mantener tu calma, tu serenidad y tu tranquilidad durante media hora o incluso quince minutos, te aseguro que dentro de tu tranquilidad crecerá un nuevo mundo con tremenda luz y poder divinos.
Cuando no tengas ningún pensamiento en tu mente, por favor no sientas que estás totalmente perdido. Al contrario, siente que algo divino se está preparando en tu naturaleza pura y aspirante. No puedes esperar resultados inmediatos. El labrador siembra la semilla y luego espera; nunca pretende que la cosecha brote de inmediato. Hacen falta varias semanas o meses para que germine. Tu mente puede ser como un campo fértil. Si plantas la semilla del silencio y la quietud y la cultivas con paciencia, antes o después vas a recoger seguro la abundante cosecha de la iluminación.
La mente no es necesaria para la meditación, porque pensar y meditar son dos cosas absolutamente distintas. Cuando meditamos, no pensamos en absoluto. El objetivo de la meditación es librarnos de todo pensamiento. El pensamiento es como un punto en una pizarra. Sea bueno o malo, ahí está. Sólo si no hay pensamiento alguno podemos convertirnos en la más alta realidad. Incluso en una meditación profunda pueden entrar pensamientos, pero no en la meditación del tipo más elevado y profundo. En la meditación más elevada sólo habrá luz.
Sri Chinmoy
Más allá de la mente
En la luz, visión y realidad son una misma cosa. Tú estás allí sentado y yo estoy aquí de pie. Digamos que yo soy la visión y tú la realidad. Tengo que mirarte y entrar en ti para conocerte. Pero en la meditación más elevada, la realidad y la visión son una misma cosa. Donde tú estás, estoy yo también; donde yo estoy, estás tú. Somos uno. Por eso en la meditación más elevada no necesitamos pensamientos. En la meditación más elevada el conocedor y lo conocido son uno.
Incluso la reflexión, que es un tipo de pensamiento introspectivo, está lejos de la disciplinada vastedad de la meditación. En cuanto empezamos a pensar, jugamos con la limitación y la atadura. Nuestros pensamientos, no importa lo dulces o deleitantes que sean de momento, a largo plazo son dolorosos y destructivos, porque nos limitan y nos atan. En la mente pensante no hay realidad. En cada momento estamos construyendo un mundo, y al momento siguiente lo estamos destruyendo. La mente tiene su propósito, pero en la vida espiritual tenemos que ir más allá de la mente, hacia donde hay paz eterna, sabiduría eterna y luz eterna. Sólo cuando vamos más allá del pensar con la ayuda de nuestra aspiración y nuestra meditación, podemos ver y disfrutar juntas la Realidad de Dios y la Visión de Dios.
Sri Chinmoy
El Hombre y Dios
El hombre y Dios son uno eternamente. Al igual que Dios, el hombre es infinito; al igual que el hombre, Dios es finito. No existe un ancho abismo entre el hombre y Dios. El hombre es el Dios de mañana; Dios, el hombre de ayer y de hoy.
Igual que Dios está en el Cielo, también está en la tierra. Él está aquí, allí y en todas partes. Cada ser humano posee un Dios propio. No existe un ser humano sin Dios. El ateo total no cree en Dios. Pero, afortunadamente cree o, más bien desafortunadamente, tiene que creer en una cierta idea, en algún concepto de orden o desorden. Y esa idea misma, ese concepto, no es otra cosa que Dios.
Cuando pienso que la flauta y el Flautista son dos cosas distintas, estoy pensando que yo soy el siervo de Dios y Él es mi Amo. Pero cuando siento que la flauta posee una parte de la conciencia de su Dueño, siento que yo soy el hijo de Dios y que Él es mi Padre. Finalmente, cuando comprendo que la flauta y el Flautista no son sino uno, el Flautista se presenta como el Espíritu y yo como Su Fuerza creativa.
El hombre tiene que realizar a Dios en este cuerpo, aquí en la tierra. Kabir, el gran poeta de la India expresó:
«Si no se rompen tus cadenas mientras vives, ¿Qué esperanza de rescate queda en la muerte?
«Es un sueño vacío el de que el alma alcanzará la unión con Él por el mero hecho de haber abandonado el cuerpo;
«Si se Le encuentra ahora, se Le encuentra luego; si no, nos vamos a habitar en la ciudad de la Muerte».
El hombre y Dios son uno. Todos los hombres pertenecen a la misma familia. Todos nosotros somos uno. Un aspirante genuino no debe escuchar los argumentos absurdos de los escépticos. Ellos no tienen ni siquiera una pizca de conocimiento espiritual. No se dan cuenta de que inconscientemente están haciendo un alarde de su evidente estupidez. Ellos dicen: «Si todos somos uno, ¿cómo es que cuando tú tienes dolor de cabeza, yo no tengo? ¿Cómo es que cuando mi hambre se sacia, la tuya no?» Como respuesta, les preguntamos ¿cómo puede ser que cuando tienen una pierna herida, su cabeza no está herida también, puesto que ambas son parte del mismo cuerpo? La conciencia universal está dentro de todos nosotros. Si no somos conscientes de ello, eso no significa que no exista. Mi cuerpo me pertenece, pero ¿siento dolor en la pierna cuando me duele la cabeza? No. Pero si soy consciente de la Conciencia Divina que abarca mi cuerpo entero, sentiré indudablemente el mismo dolor por todo mi cuerpo. En este caso, el alma individual es mi cabeza y el alma colectiva es mi cuerpo entero. Para sentir al mundo como algo propio, primero tenemos que sentir a Dios como propio.
Sri Chinmoy
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